Colegio Nuestra Señora del Pilar de Arequipa


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El Pilar
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 Columna:
 "TAREA DE TODOS"
 Juan Carlos Rivera Velazco
 Director del Colegio

 

 

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Arequipa, Marzo de 2011

 

HOGARES ALEGRES Y LUMINOSOS

 

La llegada de un hijo, es uno de los momentos más maravillosos que puede vivir el matrimonio, tanto por la llegada de un nuevo ser, como por la infinita generosidad de Dios que envía los hijos y pone al mismo tiempo en los padres una gran confianza, a la que hay que responder con generosidad, educándolos como buenos y verdaderos hijos de Dios.

La maravilla de crecer en un hogar Cristiano, dará a los hijos un profundo  sentido de la vida, que les permitirá alcanzar la verdadera felicidad. En el hogar –de la mano de los padres– los hijos aprenden las cosas más profundas y trascendentales: aprenderán a amar a Dios, aprenderán el valor del trabajo y aprenderán a darse y a servir a los demás. Todos estos aprendizajes tendrán en común la atenta mirada sobre la vida de loa padres.

La ejemplaridad de los padres es fundamental para formar a los hijos, es por ello que todo esfuerzo por ser un poquito mejor, tiene unos efectos que se multiplican en todos los que nos rodean. Si nos esforzamos diariamente por practicar las virtudes, siendo más sinceros, esforzados, cariñosos, comprensivos, etc. Ocurrirá que nuestros actos beneficiarán y enriquecerán la vida de los demás, pero al mismo tiempo nuestros hijos querrán imitarlos y seguirlos, porque descubrirán en sus padres una alegría, profunda fruto de haber hecho el bien.

Al mismo tiempo aprenderán que esas contradicciones que se presentan cada día, esos pequeños dolores, si son asumidos con gran integridad traen consigo la maduración personal, ayudan a centrar la cabeza y las ideas en lo importante, e incluso servirán para rectificar cuando se equivoca el camino. Jamás esas contradicciones llevarán a un hijo de Dios a la amargura, al desánimo, al abandono de la lucha, muy por el contrario le llevan a acercarse más a su Padre, a Dios, y a tener la certeza que es Él, a quien si se lo pedimos, nos concederá toda la gracia necesaria para salir adelante y entonces, eso que el mundo llama males, se convierte en bienes.

Los hijos aprenden de sus padres lo que es el amor, pues ven esa búsqueda del bien de la persona amada, no sólo a través de las palabras sino sobre todo a través de los hechos y las acciones, el respeto de uno por el otro, los detalles de cariño, la palabra amable y comprensiva, el diálogo cariñoso, la actitud de servicio, el brindarse a cada instante. Los hijos aprenden el valor del trabajo, cuando ven con que cariño y esfuerzo sus padres lo realizan, cuando escuchan como mamá o papá hablan de su trabajo como un medio concreto para acercarse a Dios, para hacer de este mundo inmundo mejor y para ayudar a otros a que se acerquen a Dios. Cuando un padre hace su trabajo por amor a Dios, éste toma un valor infinito y se convierte en camino de santidad.

En el calor del hogar los hijos aprenden a tratar a Dios como su Padre, a sentirse hijos amados, a los que el Señor quiere felices primero en la tierra y luego en el cielo, pues descubren en sus padres ese trato amoroso al bendecir la mesa, en el ofrecimiento del día, en ese ratito de oración y en esos piropos de cariño a la Virgen. Finalmente los hijos aprenden a darse y a servir a los demás, reconocen que Dios les ha dado muchos talentos que deben descubrir y desarrollar, pero que tienen que saber poner al servicio de los demás, por encima de sus propios intereses o del cansancio, y en ese darse encuentran un profundo enriquecimiento de sus vidas.

En un hogar en el que se busca con persistencia hacer el bien, necesariamente habrá alegría y si además ese hogar se edifica sobe una fe verdadera habrá luz y por lo tanto se estará construyendo un hogar alegre y luminoso.

 

Juan Carlos Rivera Velazco

Articulo publicado en la revista "Rescatando a la Familia"
Marzo 2011 Año 2 - Nº 11

 

 

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Arequipa, 23 de abril de 2010

TAN NECESARIO COMO EL AGUA

Así de necesario es hablar con los hijos. Nadie se atrevería a poner en duda que tomar agua, en distintas formas, es fundamental para toda persona y si no lo hace podría hasta morir.  La misma idea se puede aplicar a la comunicación con los hijos, sino logramos hablar con ellos de modo frecuente y llegando a profundidad, muchas cosas importante para su vida, que está en crecimiento,  podrían morir.
No se puede obligar a los padres para que busquen conversar  con sus hijos, a que los escuchen con atención,   a que prolonguen el trato personal, pero si se les puede asegurar que gran parte del bien que pueden hacer en  ellos, pasa por hablarles mucho.
Cuando los padres adquieren conciencia de lo fundamental  que es hablar y escuchar a los hijos, luego es más fácil asumir dicha actividad como una tarea primordial.
Para poder entender un poco más la importancia de la comunicación vamos a situarnos en dos realidades: La primera de ellas es el caso en el que los padres  por sus múltiples ocupaciones y la poca conciencia de lo fundamental que es hablar con sus hijos,  descuidan el tema, entonces no nos puede sorprender que no los conozcan bien, que la información que poseen los hijos en sus cabezas sea falsa y hasta nociva para su vida, que tomen decisiones equivocadas, que pidan consejos a quien no está autorizado ni moral, ni culturalmente, que tengan serios problemas de autoestima, que exista un marcado descontrol de sus emociones y otros efectos más. 
La segunda realidad, son padres que aunque también cuentan con poco tiempo, conocen que la labor de hablar y escuchar a sus hijos es fundamental y entonces hacen todos los esfuerzos para dedicar tiempo  a ello y lograr que sus hijos reciban la riqueza de los valores, que los padres poseen, que se sientan seguros de que sus padres los conocen y confían en ellos, y por lo tanto acuden a ellos para pedirles consejos en temas fundamentales, cuando se equivocan corren a los brazos de sus padres, tienen un mayor dominio de sus emociones y de la afectividad pues muchas veces han reflexionado junto a ellos sobre cómo actuar o responder en sus vidas, tienen mayor capacidad para decidir pues en esas conversaciones han aprendido a evaluar posibilidades y a medir consecuencias, se equivocan menos pues en muchos de esos diálogos han descubierto las causas de muchos errores.

 

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